martes, 22 de noviembre de 2011

Huidas pre-apocalipticas

Cierto es que la valentía ha sido recompensada a lo largo de la historia. Sin embargo, ser cobarde es lo mejor que le puede pasar a un ser humano en su sano juicio. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que ante una batalla perdida, el valiente es aquel que no tuvo tiempo de correr. Algunos alegarán que siempre existe la posibilidad de la victoria, sin embargo, huir garantiza, siempre, las posibilidades de éxito.

Huir de la tierra, del mar y del aire, huir de la vida, como si esta tuviera algún interés de adentrarse en el vacío de la existencia humana y hacer como que sirve para algo. Llegar a una isla desierta donde la vida ni siquiera se plantee introducirse, y subsistir sin contar con ella. Y, viéndola acercarse como por casualidad, volver al mar y escapar allí de todo: de los caballitos de mar, las sirenas y las medusas, y llegar a otro lugar. Allí donde puedas correr más que las gotas de lluvia que deciden besar el suelo, evadirte del sol y las estrellas y apenas ser rozado por la brisa. 

Y sin olvidar, nunca, nunca, que al fin y al cabo es posible que la cobardía sea una forma de valentía. Que es tan difícil quedarse y luchar como irte y renunciar a todo. Que, como alguien dijo, el valor es el resultado de un grandísimo miedo. 
Y con el miedo, a aprender se convive. Cuando ya no quedan islas en las que naufragar, es lo único que tenemos. Una luz, a la que, a ciencia cierta, aferrarse. Puede que tímida y temblorosa, y a veces tan insegura como nuestra propia alma, pero siempre está bien tener algo cierto, algo seguro e inmutable. 
Aunque este algo sea miedo.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Estoy...



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 Vivir es amar a ciegas en el presente si no se siente el corazón latir

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¿Alguna vez volverá a ser todo al menos una millonésima parte de lo que era?

Sí, claro que sí. Pero no sé qué hacer mientras tanto

sábado, 6 de agosto de 2011

Tantas ilusiones convertidas en canciones


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Bueno, digamos que no es exactamente así como me siento. Pero se parece.
Aún no sé qué voy a hacer con mi vida. Hacer nada parece la solución más viable, pero llevo dos meses sin hacer nada y empiezo a cansarme. Y si yo estoy cansada, ni me imagino cómo estará el resto. 
Hartos.
En fin, ya escribiré algo más cuando tenga tiempo. Tengo pensadas un par de historias, que no tienen nada que ver con el amor. 

El futuro me estaba esperando, ahora me está ahorcando la ilusión.

lunes, 1 de agosto de 2011

Farewell

Desde el fondo de ti, y arrodillado,
un niño triste como yo, nos mira.

Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.

Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.

Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.

Yo no lo quiero, Amada.

Para que nada nos amarre
que no nos una nada.

Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron tus palabras.

Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.

Amo el amor de los marineros
que besan y se van.

Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.

En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.

(Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.)

Amo el amor que se reparte
en besos, lecho y pan.

Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz.

Amor que quiere libertarse
para volver a amar.

Amor divinizado que se acerca
Amor divinizado que se va.

Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos,
ya no se endulzará junto a ti mi dolor.

Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada
y hacia donde camines llevarás mi dolor.

Fui tuyo, fuiste mía. ¿Qué más? Juntos hicimos
un recodo en la ruta donde el amor pasó.

Fui tuyo, fuiste mía. Tú serás del que te ame,
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.

Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste.
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.

...Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.

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Curioso empezar un blog con un poema que se titula "Despedida". Dicen que lo que bien empieza, bien acaba, y por tanto, lo que mal empieza, mal debe acabar, y puede que así sea. De cualquiera forma, lo que empieza con una despedida debe acabar con otra, y, puesto que la forma cortés de acabar con algo es despidiéndose, no me parece tan mal abrir este blog con el "Farewell" de Neruda.

Hacía tiempo que quería escribir algo a propósito de este poema, pero las lecturas posibles que se extrapolan de él me impiden escribir esto en el cristal de un caleidoscopio. Por ello, lo saco de la niebla.
Y lo leo y medito, y, aunque de cuando en cuando añore el amor de los marineros, lo cierto es que, como Krahe, necesito un salvabesos. Por lo que pueda pasar.

Y este mes, más o menos dos naufragios.